2009, el PACMA se afianza en el panorama político.

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Veganismo y Vegetarianismo

Camarles, granja de primates

INVOLUCIÓN AL USO

Xavier Bayle

INVOLUCIÓN AL USODiez años atrás yo no era persona vegana ni falta me hacia. E incluso participé en una ocasión en una convocatoria de ilustración taurófoba para loa y fomento de la tauromafia, donde mi obra pretendía destacar la elegancia del torero haciendo volar el capote sobre una forma en movimiento que lo embestia y que representaba a un toro. Mi implicación en el toreo no paso de ahí. Hace diez años yo era otra persona, peor ( sí señora, ha leído usted bien: peor ), pero sin duda no por mala fe sino por ignorancia, como cada cual y cada nadie de mis congéneres.

A medida que aprendo advierto que la ignorancia es como la grasa sobrante de las personas extremadamente obesas, o como un saco de arena enorme que cada ciudadana y cada pueblerina acarrean con mayor o menor destreza, y mayor o menor pesar. Livianas aquellas personas que saben saber y aprenden a aprender, cuyo saco es ligero pues fueron derramando por el camino la arena inútil. Hay tambien a quienes se les nota de lejos que llevan el saco pleno por triplicado y hay quienes fingen no tenerlo utilizando palabras hurtadas a personas sabias y de ánima ligera, e incluso hay quienes disfrazan su completo desconocimiento de ciertos temas mediante estupideces de calibre extra.

Siguiendo conmigo, por mi parte y por otra parte, me bastó mirar unas fotos de los pollos en factoría para hacerme vegetariana; pude evidenciar que eran animales desesperados, enloquecidos, sin esperanza, como las obreras que Salgado plasmó en su libro Workers, o como las filas de penitentes que Doré ilustrara para la Divina Comedia de Aliguieri, o como esas tristes instantáneas que nos llegaron de los campos de concentración alemanes, con seres demacrados y solos por culpa de una lectura errónea de la libertad, la dignidad y la vida; cuyo dolor y muerte, en la época de la historia que pertenecen o pertenecieron, fueron intelectualmente justificadas y socialmente aceptados . Asimismo me bastó mirar a los ojos de un toro con los segundos contados, el cuerpo lleno de metales y la piel barnizada de su sangre para no sólo deleznar la tauromafia y a las desquiciadas enfermas mentales y emocionales que la secundan (pertinentemente disfrazadas de demócratas, madres de familia y honradas trabajadoras ), sino para convertirme en activista por los derechos animales, de todos los animales, tanto si tenían dos, cuatro u ocho patas ( incluyo cualquier otro número ), se arrastraban o nadaban. Entonces empecé a ser antitaurófoba, que no era lo mismo que antitaurina, porque a mi me encantan los toros... en su lugar: las dehesas, las marismas, las estepas, porque son un lujo para la vida y nada más. Y nada menos.

Peleles al servicio de su pereza emocional como ahora Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Pere Gimferrer o Albertito Boadella este domingo 17 de junio ( mi cumpleaños, desgraciadamente ), acudieron al retorno insigne de Pepe Tomás al matadero legal de la Plaza de Toros de la Minimental, y esto ha tocado mi fibra artística, pues no se me escapa que estas personas han hecho y hacen quizás arte, un arte hermoso sin duda, un arte delicado, irónico, intelectual y en ocasiones, sublime. Sin embargo la capacidad de crear arte esta al alcance de casi todas, Adolf Hitler mismo era escritor y pintor, sin ir más cerca. Por este y otros lados siempre he considerado el arte como un vehículo de comprensión a través de las generaciones, un motor de evolución directamente aplicado a los corazones y los cerebros ( el orden ahora sí importa ), mediante el cual era y ha sido posible cambiar la sociedad de las carencias que adolece. La ruda especie a la que pertenezco, sin embargo, es capaz de sacarle los ojos a un caballo "de picador" y luego afirmar que son tan personas como Da Vinci, quedándose tan frescas, pero el de la doble moral es un tema extenso que no cabe en estas líneas y sí en otras. Estos artistas mencionados a cabeza de párrafo han demostrado haberse extraviado absolutamente en sus pringosos laureles, haber engordado y acarrear su cada día más enorme saco de arena. Haber envejecido mal: no haber evolucionado.

Diez años atrás no tenia amigas gays, lesbianas, bisexuales, queers o ángeles, capaces de destruir el asqueroso concepto de amor prefabricado y de institucionalizada heterosexualidad que proclama el machismo en boga. Patriarcado que la iglesia católica, las brutales y una larga hilera de retrasadas mentales han dispuesto para el buen funcionamiento moral y la perpetuación en los eones de la raza humana. Ahora sí conozco montones de personas criminalizadas por la ética de mierda que sufrimos. De diez años
 a esta parte, como millones de personas en el mundo, he evolucionado.
 
La evolución es como el tiempo, no se puede detener, pese a esos artefactos de miedo y tedio que lustran su placa de artistas y después son parte de esa masa ciega, imbécil y deforme que vota a Bush, a Fraga, esclavizan a quienes les quieren o rentabilizan todo bajo un prisma intelectual. Gente que ni siquiera aspira a ser personas, lo dicho, una masa de carne semoviente atufante de naftalina incapaces de comprender el Amor, los ciclos de la materia y la energía, la tendencia a la paz de toda sociedad avanzada o la imprescindible necesidad del valor de cada hormiga y cada ratón. Gente lejana a la comprensión de la vergüenza o la humildad, escoria como la que llena los libros de historia, vende discos  y se medallan las solapas con la bonhomía popular.
 
Pero la evolución de la civilización sigue, imparable, imponderable, y  acaba pisoteando y poniendo en su sitio a cada una. El necesario proceso  civilizatorio empujado por las personas que trabajan día a noche la  legitimidad de la raza humana para permanecer -en iguales derechos y  deberes de existir que la medusa y la araucaria-, sobre este planeta.
 
En cuanto a esas personas en una sociedad que les pretende adalides de la  belleza, ejemplos de la sensibilidad, no son sino, gracias a su profundo  desprecio por la vida, una forma sin contenido, o con un contenido falso, como la carta de amor de un violador, los besos de Eva Braun, como la inocencia de las niñas de favela o la lluvia ácida: rosas postizas con espinas verdaderas.
 
Dicen que a la corrida del domingo acudieron 18.000 asistentes, eso es  mucha gente, como mucha gente ( millones ), secundaron la política de  purga y pogroms de Stalin, como miles de gentes glorificaron al Führer, a  Pinochet, a Francisco Franco Bahamonde o al cardenal Torquemada, la misma gente con distinto motivo, los mismos perezosos seres que necesitan matar para estar medianamente vivos.
 
Hubo un tiempo, hace diez años, que Gimferrer me firmó algún libro, compraba discos de Serrat y de Sabina o creía en el poder transformador dels Joglars, pero ahora ya no: el desprecio también tiene su espacio en la evolución personal de cada una, y en la mía, por extensión. Estos ilustres babosos de cara ancha y corazón mediocre han envejecido, han aprendido el delicado arte de amar la muerte, la tripería, la destrucción, de juntarse con rancias muchedumbres de sesera escasa y mucha humanidad para contemplar, este negro domingo, cómo el ser humano revienta a seis herbívoros inocentes como niñas, hermosos como sólo la
 vida sabe ser, necesarios como cada una de nosotras, en el nombre de su superioridad.
 
Superioridad, si, en materia del mal, como ningún otro animal sobre la faz de la tierra. Hitlercitos de principios del siglo XXI.

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