Contaminación de ríos, destrucción de bosques, vertidos de petróleo al mar, crecimiento urbanístico, construcción de puertos y carreteras… Estas situaciones suponen el sufrimiento y la muerte de miles de animales, que ven como sus hábitats naturales son destruidos y sus vidas arruinadas, en la mayoría de las ocasiones por la codicia de los seres humanos.
La destrucción de un espacio natural es vista normalmente desde una perspectiva antropocéntrica. Su valor viene dado en función de parámetros económicos o paisajísticos. Así, cuando un monte es asfaltado para construir una urbanización solemos lamentar la pérdida de un espacio que ya no podremos volver a contemplar. O cuando un incendio arrasa un bosque, o un petrolero vierte cientos de toneladas de petróleo al mar, nos lamentamos de las enormes pérdidas en la industria turística o pesquera. Los intereses y las vidas de los animales que allí viven rara vez son tenidos en cuenta, a no ser que estemos hablando de especies protegidas, como si las criaturas de otras especies no fuesen capaces de sufrir al no estar en peligro de extinción. Resulta evidente que debemos valorar los daños que todo esto conlleva hacia los seres humanos, pero no nos podemos olvidar del drama individual que la destrucción de un espacio natural supone para otros muchos animales.
Podríamos escribir muchas páginas sobre el daño que los seres humanos estamos haciendo al planeta. Todos conocemos lo que está pasando, por ejemplo, con la selva del Amazonas, de Madagascar o con las costas españolas, por no ir tan lejos. Baste apuntar, para la reflexión, que aproximadamente el 80% de la superficie total deforestada de la Amazonía se emplea en pastos para el ganado que abastece el mercado mundial de vacuno (Fuente: Greenpeace Brasil, Ecología Blog). Y la cabaña bovina brasileña sigue creciendo: hoy es el primer exportador mundial de carne de ternera, uno de los animales de abasto de mayor huella ecológica. (Sobre las condiciones de los animales utilizados en alimentación, véase Ganadería).
Pero no es el objetivo de estas líneas profundizar en estos temas. De ello ya se encargan, afortunadamente, otras organizaciones como Greenpeace o Ecologistas en Acción, en cuyas webs se pueden encontrar detalles de todo esto. El asunto aquí es, como ya hemos apuntado, añadir un nuevo enfoque a lo que ya conocemos, e incluir el respeto por los animales a nivel individual, teniendo en cuenta sus vidas y haciendo lo posible por que no sufran las consecuencias de nuestras acciones.
Debemos por tanto valorar con más profundidad la repercusión que nuestras acciones van a tener sobre la naturaleza y, por lo tanto, sobre los animales. Nuestros objetivos no pasan solo por emprender medidas a nivel local, sino también por ver más allá y ser conscientes del impacto que muchos de nuestros actos tienen en otras partes del planeta.
Entre las muchas medidas que podríamos tomar, destacaremos estas:
- Aumentar el número de espacios naturales protegidos, tanto terrestres como marítimos, dotándolos de las infraestructuras y del personal necesario.
- Establecer una auténtica red de espacios naturales a través de corredores ecológicos que permitan una comunicación efectiva entre ellos.
- Aumentar las medidas de vigilancia y sancionadoras ante posibles impactos ambientales (incendios forestales, vertidos tóxicos, etc.)
- Limitar al máximo la construcción de urbanizaciones, puertos deportivos, autovías y cualquier otra obra que pueda ocasionar daño a los espacios naturales y a los seres vivos que allí viven.
- Tomar las medidas correctoras necesarias para minimizar el daño producido a los animales ante cualquier construcción que se estime necesaria.
- Crear pasos subterráneos para la fauna en carreteras y autovías.
- Promover el uso de materiales respetuosos con los espacios naturales y el medio ambiente en general (papel reciclado, madera certificada, energías limpias …)
- Boicotear cualquier producto proveniente de la destrucción de los espacios naturales (madera procedente de bosques protegidos, aceite de palma, alimentos transgénicos …)
LECTURAS RECOMENDADAS
Herbert Girardet. Creando ciudades sostenibles. 2001. Valencia. Ediciones Tilde.
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Jesús Mosterín y Jorge Riechmann. Animales y ciudadanos. 1995. Madrid. Talassa.
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Jesús Mosterín y Jorge Riechmann. Los derechos de los animales. 1995. Madrid. Debate.
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Jorge Riechmann: Todos los animales somos hermanos. 2003. Granada. Universidad de Granada.
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José Luis Sánchez: El delito de los no humanos. 2008. Madrid. Cultiva Libros.
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Peter Singer: Liberación Animal. 1999. Madrid. Trotta.
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Ramón Folch: Ambiente, emoción y ética. 1998. Barcelona. Ariel.





















