Desde hace 40 años, el eje central de la ciencia se sitúa en el mundo de las emociones: las de los seres humanos y por supuesto, de las del resto de animales. Como mamíferos, seres humanos y toros compartimos los rasgos anatómicos y fisiológicos que nos llevan a sentir emociones.
Al igual que a nadie le extraña que los toros respiren a través de los pulmones, como hacemos los seres humanos, o que bombeen su sangre mediante el corazón, no debería ser complicado deducir que pueden sentir emociones, al igual que las personas, con su sistema límbico. Los toros sienten claustrofobia, frustración, nostalgia o miedo. Un miedo que se transforma en pánico cuando son apartados de su manada, alejados del campo y caen en manos de cientos de humanos que los maltratan y torturan sin compasión. 
Los toros no tienen miedo a los humanos, sino a los desconocidos que -cuando se encuentran solos sin el refugio de su grupo- les atan, les ponen fuego en los cuernos, les gritan, corretean a su alrededor y les golpean. Entonces, los toros mugen pidiendo auxilio a su manada. Dentro de ésta se encuentran protegidos y en su seno, reconocen a los seres humanos con los que comparten su vida diaria -el ganadero o el veterinario, por ejemplo, y ante ellos se muestran tranquilos.
Su memoria ancestral, la que heredan en los genes, y la que se puede denominar “instinto”, les hacen considerar depredadores a los seres humanos que les persiguen, les gritan y les agreden. En estos festejos, los toros consideran hostiles a todos esos seres humanos desconocidos y como traidores a aquellos que les cuidaron y por dinero los venden al miedo.
En mi experiencia, de una década como veterinaria con ganado vacuno en extensivo, la primera norma que debe cumplir un veterinario al acercarse a su paciente es hacerlo con gestos suaves, un tono de voz susurrante y tranquilizador.
En mi relación con los ganaderos he observado y escuchado cuando me contaban que una vaca había abortado de un “disgusto”. Saben que una vaca pasa semanas llamando a su cría cuando se la lleva el camión camino del cebadero, que dejan de comer y que se encuentran “tristes”. Conocen las relaciones amistosas entre las vacas que prefieren a unas compañeras de manada frente a otras y por eso a la hora de estabularlas, las ubican siguiendo sus preferencias sociales. Negar la evidencia de que el ganado vacuno siente emociones, sólo puede estar motivado por la ignorancia o la maldad.
Teniendo en cuenta lo anterior, ¿cómo se pueden definir los Correbous? Festejos en los que un grupo de personas abusan de toros asustados, desamparados, solos… Fiestas propias de cobardes.






















