ZOOLÓGICOS

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Los animales que viven en libertad en su hábitat suelen recorrer muchos kilómetros cada día como parte de su forma de vida. Estas necesidades en ningún caso las pueden satisfacer “safaris”, ni zoológicos y mucho menos circos.

ZOOLÓGICOS

Introducción a los zoológicos

Los zoológicos son lugares en los cuales se mantienen encerrados en contra de su voluntad a animales no humanos.

El origen de los zoológicos se inicia a través de las colecciones privadas de reyes y gobernantes vanidosos, que no contentos con coleccionar esclavos humanos, encontraron una nueva forma de mostrar a los demás su estatus social y económico. Posteriormente estas colecciones privadas se convirtieron en colecciones de “especímenes” para ser estudiados científicamente y actualmente han llegado a nosotros como centros de ocio, a veces llamados “centros de conservación de la biodiversidad”.

Desde la antigüedad, gobernantes de países tan diversos como Egipto y China han tenido colecciones de animales cautivos, pero el concepto de parque o jardín zoológico, en el que los animales cuentan con una cierta “libertad de movimientos”, es más reciente.

El origen de los parques zoológicos en Europa se remonta a la antigüedad. Ya en la Roma clásica se mantenían animales en cautividad, muchos de ellos procedentes de África. Aunque estos animales eran exhibidos, su finalidad principal eran los circos y anfiteatros en los que se mataba de forma cruel. A partir del siglo XVI, con la ocupación de las colonias por parte de los países europeos, llegaron a nuestro continente muchos animales exóticos, la mayoría de los cuales moría en el viaje. Los pocos que sobrevivían iban destinados en su mayor parte a colecciones privadas de animales.

A principios del siglo XIX se crea la Sociedad Zoológica de Londres. Fue a partir de esta sociedad que se difundió el nombre de «zoo» o «zoológico». Según consta en sus escritos de constitución, la finalidad de esta sociedad era «la introducción y domesticación de nuevas razas o variedades de animales de posible uso en la vida cotidiana».

Este tipo de zoológicos fue el que se extendió por el continente europeo hasta finales de los años 60, momento en el cual se empieza a tener una nueva visión acerca de los mismos. Así, cobra fuerza la etología o el estudio del comportamiento de los animales y se empieza a cuestionar la función de los zoológicos que se había tenido hasta entonces.

Actualmente los animales salvajes siguen encerrados en espacios que ni mucho menos satisfacen su necesidad vital de libertad, frustrando así el interés de vivir una vida plena.

Se calcula que en nuestro país existen más de 40 parques, de los cuales 18 centros, los más importantes, forman parte de la Asociación Española de Zoológicos y Acuarios.

 

Los zoológicos son cárceles de animales

Por ejemplo, un estudio realizado por la Sociedad Real para la Prevención de la Crueldad a los Animales en West Sussex (Reino Unido), que se publicó en la revista Science en 2008, demostró, basándose en datos sobre más de 4.500 elefantes, que cuando estos animales pasan su vida en los zoológicos europeos tienen más problemas de salud y pueden llegar a vivir hasta 40 años menos que aquellos otros individuos que se encuentran en libertad en reservas protegidas de Asia y África. Los investigadores comprobaron que los animales que habían nacido en estos centros, los traslados y la muerte de la madre, eran las situaciones que suponían un mayor riesgo para los animales. Entre los ejemplares adultos, la obesidad o el estrés acortan su vida. Muchos no alcanzan los 17 años, mientras que los que viven en libertad pueden llegar hasta los 56 años. Igualmente pasa con otros animales como ñus, cebras, leones, aves, etc. En libertad los leones pueden vivir en promedio 40 años, en cautiverio la mitad.                                                      

Rick O’Barry, fue un entrenador de delfines que abandonó su carrera cuando vio cómo Kathy, uno de los delfines que hacían de Flipper, decidió dejar de respirar para suicidarse, pueden hacerlo porque su acto de respiración no es involuntario como en nuestro caso, sino que cada inspiración en un acto consciente y pueden decidir no hacerlo. Los delfines, junto a los humanos adultos y las ballenas, somos los únicos animales sobre los que hoy tenemos constancia de que tienen capacidad para suicidarse. Rick O’Barry hoy se dedica a defender a los delfines (ver documental online The Cove) y a financiar estudios que demuestran su sociabilidad y cómo se ven afectados al ser separados de su manada en inmenso mar para ser mantenidos en espacios tan reducidos como son los delfinarios.                                                                          

Virginia McKenna, quien actuó en la película clásica, Born Free (Nacido Libre) y quien recibió una Orden del Imperio Británico en 2003 por su trabajo por los animales en cautiverio, dice que su participación en Nacido Libre le enseñó que “los animales salvajes pertenecen en la selva, no encarcelados en zoológicos… la libertad es un concepto muy preciado, y los animales salvajes sufren física y mentalmente de la falta de libertad que el cautiverio impone.”[1] 

El zoólogo y etólogo inglés Desmond Morris, después de 10 años, decidió dejar su puesto de cuidador de mamíferos en el zoo de Londres afirmando que "...llegué a aprender lo suficiente para saber el daño que se les hacía a los animales al tenerlos cautivos, y simplemente no quise seguir".  

 

 

Los zoológicos no educan

A pesar de que quienes defienden los zoológicos aseguran que son lugares con claros fines educativos, es decir, que enseñan a sus visitantes los diferentes comportamientos y costumbres de los animales, incitando a los humanos a respetarles, lo cierto es que lo que verdaderamente se aprende durante una visita a un zoológico es a ver aceptable el privar a los animales de libertad para nuestro beneficio. Los zoológicos inculcan a los niños la idea de que está bien encerrar a un animal para reducirlo al objeto de una mirada, de esta manera el niño crecerá creyendo que es justo privar de su libertad a otro animal sólo porque a él le apetezca divertirse observándolo.

Independientemente de que los zoológicos sean lugares donde se pueda aprender más o menos sobre el comportamiento de los animales, su existencia es inaceptable. Privar a alguien de libertad y ocasionarle el sufrimiento que esta privación produce no está justificado en ningún caso por el hecho de que otros vayamos a aprender algo de ello. A muchos de nosotros probablemente nos interese cómo viven y se relacionan entre ellos los humanos de determinadas culturas y sociedades, pero jamás aprobaríamos que se les privase de libertad para facilitar nuestro aprendizaje. Los animales, como seres con intereses propios que son, merecen ser respetados por igual.

Con toda la información que tenemos a nuestra disposición hoy en día, con programas de televisión educativos y acceso al Internet y además con la facilidad que tenemos para viajar, educarnos sobre los animales es tan fácil como encender la computadora o hacer una caminata. La idea de tener a animales tras las rejas de una celda es realmente obsoleta.

  

Los zoológicos no protegen a los animales

 

Los zoológicos dan la falsa sensación de que están protegiendo a los animales que, contra su voluntad, se encuentran recluidos en ellos, pero lo realmente importante no es la desaparición de una determinada especie, sino el sufrimiento y la muerte de los seres que la conforman. Una especie no sufre su desaparición, quienes sí sufrimos somos cada uno de los individuos sintientes que formamos parte de esa clasificación.

Mientras los zoológicos están ofreciendo una falsa visión al público sobre la vida de los animales y la naturaleza, 16 millones de hectáreas de bosques están siendo deforestadas cada año en este mundo[2], y con ellas millones animales están muriendo o siendo cazados. Debemos conseguir que la mirada del público se oriente hacia la realidad, es decir, hacia los animales que viven en sus hábitats naturales y proteger ambas cosas.

En lugar de ayudar económicamente a los zoológicos, deberíamos de cooperar con las ONGs que trabajan en la conservación de los espacios naturales en África, Suramérica, etc., es decir, en los lugares donde deberían vivir los animales que están encerrados en los zoológicos. Algunas de estas organizaciones son: la International Primate Protection League, la Born Free Foundation, la African Wildlife Foundation, etc. Igualmente deberíamos ayudar a los santuarios sin fines de lucro que son acreditados por la Association of Sanctuaries, como el The Elephant Sanctuary y el Performing Animal Welfare Society. Estos refugios rescatan y cuidan a animales exóticos. Otra opción es ayudar económicamente a ONGs por los Derechos de los Animales como son  Equanimal, AnimaNaturalis, Igualdad Animal, DefensAnimal, Libera!, etc. y votar y/o afiliarte a un partido animalista como PACMA para que la política comience a girar su mirada hacia estas cuestiones.

Los parques zoológicos, delfinarios y acuarios deben ser cerrados para su posterior conversión en santuarios, lugares en los que puedan vivir protegidos aquellos animales más necesitados.  En el caso de los delfinarios, para la liberación, en la medida que sea posible, de los cetáceos allí encerrados.

 
NOTAS Y BIBLIOGRAFIA

[1] “Born Free Star McKenna Honoured,” BBC News, 31 Dec. 2003.

[2] “La deforestación arrasa 16 millones de hectáreas al año.” Diario digital Público.es M. del A. Madrid 07/04/2010  ( http://www.publico.es/ciencias/304709/la-deforestacion-arrasa-16-millones-de-hectareas-al-ano )